lunes, 11 de abril de 2016

¡Qué pena!

Qué pena que asegurados, clientes de compañías de seguros, se sientan engañados y duden del sistema, cuando el Seguro en España atiende más de diez millones de siniestros de daños al año, cubre más de treinta millones de actos médicos, o sirve unas prestaciones de más de 25.000 millones de euros en entornos de ahorro, e indemnizaciones por muerte o invalidez (*).

Y cada vez la mala impresión es peor, la mayoría de asegurados entran a través de un comparador, que les compara precios, con variedad notable entre ellos, y que parece que la única distinción es que unas aseguradoras quieran ganar más, y nadie les explica las diferencias que hay detrás de los precios, porque todo el mundo está en la errónea certeza de que son iguales.

El siguiente impacto con los seguros llega cuando quieren comprar un piso, y el seguro ahora viene impuesto, en este caso el de la vivienda, de vida, de pensiones, y de protección de pagos... Y el asegurado lo ve como un mal menor para reducir el escandaloso tipo de interés de la hipoteca. Y con el único referente del seguro del coche donde todos son iguales, pues que más dará...

Y si la vida te lleva a emprender en un negocio, y para empezar necesitas financiación, no la obtienes si no aseguras el negocio con la compañía que diga el banco... Y es aquí donde algunos topan con la realidad. Cuando alguno se pregunta si no habrá algo fuera de este mundo más parecido a la camorra, que a un sistema financiero serio. Pero solo algunos serán los afortunados que se den cuenta o tengan posibilidad de salir.

La cuestión es quién puede tener interés en contar la verdad al consumidor. A las aseguradoras les va bien con socios tan "potentes" como los bancos, que con un solo contrato ganan millones de pólizas. Obligadas, eso sí. Los políticos tampoco... no tienen capacidad de enfrentarse con estos lobbys... Las empresas audiovisuales (prensa, radio, televisiones...) desde luego
aunque quisieran no pueden, porque tienen entre sus primeros clientes a la banca, y las aseguradoras. 

Nos echamos las manos a la cabeza y montamos el numerito cuando nos enteramos que alguna empresa usa malas artes en Asia o África en la fabricación de productos que consumimos en occidente, pero cuando la mayoría de españoles tiene un producto contratado contra su voluntad en un banco... como los "monos sabios" no vemos, no oímos, y no decimos...

¡Qué pena!





*Datos de la Memoria Social del Seguro 2013


lunes, 12 de octubre de 2015

Cambiemos la forma de hablar

De como nos expresamos dice mucho de nosotros, la forma de hablar, los términos que usamos, incluso esto puede acabar modificando la realidad. Lo vemos en política, cuando los periódicos tildan una serie de acciones de "recortes", ya puedes hacer algo pensando que son ajustes y ahorros... que ya será una política de recortes...

Hace unos días "escuchaba" a mi amigo Mon Calvo, un comentario en un foro privado, que me llevaba a pensar como afecta el idioma, la forma de llamar las cosas, a la vida diaria.

Cuando vamos a la panadería a por pan, vamos a "comprar pan", está claro el intercambio comercial que vamos a hacer con el panadero, le doy dinero, y me entrega pan. Pan que ha hecho y en el que le queda un margen para poder comprar sus lentejas.

Pero no siempre somos tan claros, si vamos a por tomar un café, y quieres sorprender al camarero prueba a decirle "¿me vendes un café?", solemos usar el "ponme un café"... No vamos a "comprar" el café porque además vamos a tomarlo, a charlar con el camarero, leer el periódico, a tener un momento de relax. Este uso del léxico no daña a nadie.

Por contra, hay otros usos del leguaje que calan y nos situan en una posición con respecta al vendedor, y es que no vamos a comprar dinero para adquirir un coche, o un piso, vamos a "pedir" si nos "conceden un crédito". "Conceder" es dar, otorgar, hacer merced y gracia de algo, según la primera acepción de la RAE. Y  me suena que el banco no otorga, ni da. El banco vende dinero, y cobra un margen, o sea, hace negocio vendiendo créditos.

Utilizar el término "conceder" deja al consumidor humillado ante la banca, que se dirige al bancario esperando una merced, un favor. Ya es hora de llamar las cosas por su nombre, y si vamos a negociar un crédito, una hipoteca, vamos a tener claro que vamos a comprar dinero al banco, y que nos cobrará un margen por ello. No es un favor. Y que te concedan la hipoteca o no, no depende de que te quieran conceder una gracia, si no de la capacidad de devolución que el consumidor tiene, no es un favor, es el crédito que cada persona se ha ganado, por su historial de pagos, y su patrimonio.

Esta forma de pensar que al pedir crédito estamos esperando un favor del banco tiene el efecto en el consumidor que acaba por aceptar a cambio, y casi de buen grado, las condiciones que le impongan, tres seguros, y cuatro sartenes incluidas. Cambiemos esta forma de pensar, cambiando nuestra forma de hablar.


lunes, 23 de marzo de 2015

En una semana

Os narraré tres experiencias diferentes vividas en una sola semana con un nexo común...

Martes, tenía una cita para visitar una empresa que quería analizar sus seguros, y tras ver las instalaciones me encuentro con pólizas de una aseguradora de primer orden, pero con contratos de seguro de la señorita pepis...  por ejemplo, el taller de carpintería metálica, donde fabrican ventanas y puertas de aluminio con un capital de diez mil euros para garantizar la maquinaria, el aluminio, oficina... una empresa de verdad con una póliza de juguete. Similar con las pólizas de responsabilidad civil y exposiciones...

Miércoles, me toca ver un restaurante, en el que en las mismas instalaciones, elaboran comida para hacer servicios de catering. El dueño del negocio, insiste al enseñarme las pólizas: "Lo importante son las comidas fuera, muchos clientes me piden el seguro de responsabilidad civil, e insistí mucho en ello cuando la hicimos". Leo las pólizas de una aseguradora muy respetable, y le doy mi opinión: "La póliza que tienes está bien, el precio es bueno, pero no he podido comprobar que tu negocio de catering, esté garantizado como debe, llama y que te digan donde pone que tengas cobertura para ello, y mantén la póliza".

El jueves, me llamó el empresario de hostelería, y con temblores en la voz, me decía..."Que me dicen que no, que para asegurar eso tienen que volver a hacerlo , y ahora me piden datos... ¡Menos mal que no ha pasado nada!" Por supuesto el distribuidor del seguro se lo dice sin despeinarse... se queda tan pancho. Le despide y atiende al siguiente sin más...

Jueves tarde, un comerciante que acaba de abrir me pide que le revise el seguro que le ha obligado el banco a hacer para concederle los 5.000€ que le faltaban para abrir el negocio. Mi dictamen fue, que le habían hecho un seguro con un infraseguro alarmante, y que el capital de responsabilidad civil que le habían puesto era el que se ponía en la década de los 90 y que era asumir un riesgo innecesario. Y por cierto, el precio bastante caro, pero que aunque le costará más solicitara esas modificaciones en el banco.

Más tarde este comerciante me diría que le pusieron pegas porque no entendían porque tenían que cambiar esas cosas que pedía, y como se quejó del precio, le ofrecían uno más barato quitando garantías...

Pues sí, el nexo común es que en los tres casos estos empresarios tenían sus contrato de seguros, obligados al abrir el negocio por necesitar financiación, con el banco y en pésimas condiciones.

Para rematar el viernes voy al banco, han vuelto a cambiar de personal, y quién me atiende lee mi ficha y al ver que no me han colocado ninguna póliza y con cara extraña y me dijo "¿Nunca te hemos ofrecido nuestros seguros?", a lo que respondí, es que "no sabéis lo suficiente". Y muy digna la persona que coloca pólizas a todo el que entra me dice: "yo no, pero tenemos especialistas, tenemos corredores si quieres te envío uno". Tuve que explicarle que no pueden tener corredores, porque son agentes (OBS)... Aún así el superbancario no cedía, e intento colocarme un SIALP fantástico al 0,40% de interés... Fue cuando me levanté, y dándole la mano y le dije " la semana que viene te traigo yo uno al 2,25%"...

Pobres bancarios, tienen que vender sin saber, con peores productos que el resto, aguantar los problemas de los siniestros que no pagan, o pagan mal. Menos mal que pueden obligar... si no quién les compraría...


jueves, 5 de febrero de 2015

Tiempos modernos


Con tiempos modernos no me refiero a la obra maestra de Chaplin, en la que se retrataba la situación del obrero en la época de la gran depresión americana, aunque en cierta manera estemos viviendo situaciones paralelas casi un siglo después. Hago la referencia porque quiero hablaros del aparato más moderno que mide el tiempo, el smartwatch, esos relojes conectados al móvil que te miden el pulso, son podómetros, incluso se puede hablar a través de ellos como hacía Michael Knight en el Coche Fantástico en la serie de los 80'.

Estos aparatitos que todos llevaremos en unos años en la muñeca, que hoy son una extensión del móvil, pero acabarán funcionando de manera independiente, se convertirán en parte imprescindible de nuestras vidas y es que volveremos a dejar de abrir el móvil para ver la hora, y usaremos el reloj inteligente, porque además a la vez de la hora nos dirá el tiempo que viene, y cuantos pasos nos quedan para nuestro objetivo de ejercicio diario.

Estar monitorizado de esta manera abre un mundo de posibilidades a las empresas que puedan tener interés en conocer los hábitos de sus clientes... o sea, de todas. De las aseguradoras también. Aquí ya conocemos los sistemas GPS que se conectan en los coches, para ajustar las primas a la conducción. Estos relojes inteligentes permitirán hacer lo propio con las personas.

https://www.hioscar.com/Al hilo os traigo el caso de una aseguradora neoyorquina, que paga para que te muevas, y lo comprueba con el reloj inteligente. Una aseguradora de Salud, Oscar , que te premia por conseguir tus objetivos de ejercicio diario. ¿No diréis que no tiene sentido? Si haces ejercicio suave a diario visitarás menos al médico... Oscar llega a "pagar" por cumplir tu compromiso de moverte y ser más saludable.


Ya supongo que muchos de los pensamientos de quienes sepan de esta propuesta se alarmarán y tirarán de conspiración "orwelliana" y el miedo a ser observado... los mismos que tienen veinte aplicaciones en el móvil instaladas que están recogiendo los datos de sus movimientos, o las búsquedas que hacen de artículos en las plataformas de compras por internet...

Llegará un momento que será casi imposible ser invisible, pero lo que hay que pedir es que se use, como en el caso de esta aseguradora, de manera beneficiosa para el usuario.

¿Cuánto tiempo tardarán en lanzarse las aseguradoras tradicionales europeas a usar estas tecnologías, o esperarán a que les adelanten otra vez las directas?